El encarecimiento del gasoil y los fletes impacta con mayor intensidad en la rentabilidad del maíz que en la de la soja, generando una pérdida significativa de poder adquisitivo de la oleaginosa frente a los costos de producción y comercialización.
Según datos del sector agropecuario, la relación de precios se ha deteriorado considerablemente para los productores de maíz. Para adquirir un litro de combustible, actualmente es necesario desembolsar el equivalente a 8,4 kilos de maíz, lo que representa un incremento del 45% comparado con septiembre de 2025.
Esta brecha en el poder de compra refleja cómo los aumentos en los costos logísticos y energéticos afectan de manera desigual a los diferentes cultivos. El maíz, uno de los pilares de la producción agrícola nacional, se ve especialmente presionado por estos aumentos, lo que reduce los márgenes de ganancia de los productores.
En tanto, la situación con los insumos agrícolas como fertilizantes y herbicidas mantiene una relación de precios más favorable. La paridad entre lo que cuestan estos productos y lo que se obtiene por la venta de la cosecha sigue siendo positiva, aunque la presión sobre los cultivos gruesos persiste.
El contexto actual de la campaña agrícola refleja desafíos importantes para el sector. Los costos fijos ligados al transporte y la energía, elementos fundamentales en cualquier proceso productivo, se han convertido en factores críticos que condicionan la viabilidad económica de los emprendimientos agrícolas.
Este escenario pone en evidencia la vulnerabilidad del productor agrícola frente a fluctuaciones en los precios de insumos estratégicos, particularmente aquellos ligados a la comercialización y movilización de la producción hacia los mercados.
Imagen: Andrew Isaev / Pexels – Con informacion de Clarín Rural





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