Cachanosky pronunció una crítica aguda a la caracterización que hacen de sus propias políticas quienes conducen la economía, afirmando que lejos de representar una revolución productiva, lo que se concreta es un proceso de desmantelamiento empresarial a gran escala.
El economista identificó un desfasaje importante entre la autopercepción de los responsables de la política económica y lo que ocurre concretamente en el sector empresarial. Mientras que desde los centros de decisión se entiende que se está impulsando una gran revolución productiva, Cachanosky sostiene que la realidad muestra un fenómeno opuesto: el cierre masivo de empresas.
Según Cachanosky, la liquidación de numerosas firmas constituye, por definición, un daño para la estructura productiva y no un avance. El desmantelamiento de la base empresarial establecida no puede ser presentado como un logro de transformación positiva, sino como una pérdida de capacidad productiva.
El economista plantea así un cuestionamiento fundamental a los parámetros con los que se está evaluando el desempeño de las políticas aplicadas. Hay un abismo entre lo que se proclama como objetivo transformador y lo que se registra como consecuencia práctica en el terreno.
Esta observación de Cachanosky contribuye a un debate más extenso sobre la evaluación de resultados en materia económica. Los especialistas presentan diagnósticos divergentes respecto a si las medidas están generando beneficios estructurales o produciendo daños inmediatos en el tejido productivo. Para Cachanosky está claro que el saldo es negativo, al menos en lo que refiere a la preservación y fortalecimiento del aparato empresarial. Esta divergencia de criterios permanecerá como uno de los puntos más controversiales en el análisis de la coyuntura económica argentina.
Imagen: 2H Media / Unsplash – Con informacion de Perfil





Deja un comentario