La llegada del fenómeno climático de El Niño está generando la necesidad imperiosa de que el sector agropecuario argentino transforme sus prácticas y sistemas de manejo. Las predicciones meteorológicas indican que durante la próxima primavera se registrarán tormentas poderosas con precipitaciones de magnitud extraordinaria en varios puntos del territorio nacional.
El ciclo más crítico del fenómeno tendrá lugar hacia finales del verano y durante el otoño de 2027, período en el cual sus efectos alcanzarán niveles máximos de intensidad. Ante esta perspectiva, expertos advierten sobre la necesidad imperativa de adelantarse a los cambios mediante la adopción de nuevas metodologías.
La naturaleza del fenómeno de El Niño se define por la combinación de precipitaciones abundantes con olas de calor extremo. Para el sector agropecuario, esto implica enfrentar simultáneamente problemas de encharcamiento de tierras y períodos de estrés por falta de humedad y temperatura elevada.
Las estrategias convencionales que han regido la agricultura nacional requieren revisiones fundamentales. Es necesario modernizar sistemas de riego, potenciar infraestructuras de drenaje, evaluar la idoneidad de variedades de cultivos y, en algunos casos, considerar cambios en los calendarios de siembra.
Productores y especialistas reconocen que solo mediante la adaptación activa y la innovación será posible preservar la rentabilidad de las operaciones rurales. La disponibilidad de información meteorológica confiable y oportuna, combinada con capacitación técnica continua, resulta esencial. Aquellos emprendimientos agrícolas que logren ejecutar transformaciones en sus procesos de forma proactiva estarán mejor posicionados para enfrentar este período de volatilidad climática sin que ello implique impactos económicos desproporcionados en sus resultados.
Imagen: Amilcar Alvarez Garcia / Unsplash – Con informacion de Clarín Rural





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