Una verdadera invasión de pumas está acabando con la ganadería en sectores rurales. Los felinos atacan sin cesar, eliminando ovejas, terneros, burros y otros animales de los rodeos, generando pérdidas económicas que resultan insoportables para la mayoría de los productores.

El alcance de la depredación es catastrófico. Hay ganaderos que han perdido prácticamente la totalidad de sus rebaños tras ataques sucesivos de estos felinos depredadores. Casos extremos muestran productores que quedaron con apenas un cordero tras meses de embates continuos contra su hacienda.

Como respuesta a la emergencia, muchos ganaderos han invertido en defensas. Levantar jaulas, construir cercados reforzados y crear sistemas de protección se ha vuelto obligatorio para quienes buscan preservar sus animales. Estas soluciones exigen recursos económicos y tiempo que cada vez más productores no pueden proporcionar.

El problema radica en que los gastos de defensa no eliminan los ataques, simplemente los ralentizan. Los productores se ven atrapados entre invertir en protecciones costosas o aceptar pérdidas continuas que erosionan su patrimonio.

Para numerosos ganaderos, la ecuación es insostenible. La combinación de depredación permanente y costos de protección ha transformado la actividad ganadera en un negocio económicamente inviable. El abandono de la ganadería se presenta como la única alternativa realista.

Los pumas continúan sus ataques sin regulación aparente, sin discriminar entre tipos ni tamaños de animales. La crisis en el sector productivo rural es evidente, y sin intervenciones efectivas, muchos campos verán desaparecer la ganadería que durante generaciones ha sido su sustento económico principal.

Imagen: Alimurat Üral / Pexels – Con informacion de Clarín Rural

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