A semanas del cinematográfico asalto, las autoridades francesas mantienen bajo reserva la investigación. Las joyas continúan desaparecidas y los detenidos se niegan a declarar.
El misterio alrededor del robo en el Museo del Louvre crece día a día. Aunque la policía francesa movilizó a más de un centenar de agentes y peritos, el paradero de las joyas sustraídas sigue siendo un enigma.
Las piezas, de altísimo valor histórico, desaparecieron en un operativo que duró apenas minutos y que desafió los sistemas de seguridad más sofisticados del museo. Desde entonces, París vive una tensión inusual, con medios internacionales y expertos en arte siguiendo de cerca cada paso de la pesquisa.
Dos sospechosos permanecen bajo custodia, pero los investigadores no han revelado sus vínculos con el caso. Las autoridades analizan rastros genéticos y grabaciones, mientras evitan filtraciones a la prensa.
El sigilo francés contrasta con la curiosidad global: el robo del Louvre se perfila como uno de los episodios criminales más impactantes del siglo XXI.






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