El ex jugador del Barcelona y la selección brasileña se alejó del fútbol y de la exposición pública. Hoy dedica su tiempo a la religión y a su familia, luego de que la justicia catalana anulara su condena.

Lejos de los reflectores y los estadios, Dani Alves vive un presente marcado por la introspección y la fe. Después de pasar 14 meses en prisión por una denuncia de agresión sexual y ser finalmente absuelto por el Tribunal Superior de Justicia de Cataluña, el ex futbolista brasileño decidió dar un giro profundo a su vida.

“Yo hice un pacto con Cristo”, aseguró en declaraciones recientes, describiendo un proceso de transformación que lo llevó a involucrarse con comunidades evangélicas y alejarse del ámbito deportivo.

Durante su tiempo en prisión, Alves atravesó momentos críticos que —según él mismo— lo impulsaron a reflexionar sobre sus decisiones y prioridades.

Con más de 40 títulos en su carrera y 42 años, el ex lateral dice que ahora su meta no es volver al fútbol, sino “encontrar paz y propósito”.

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